
Porque permaneces abrazada a los recuerdos.
Y de lágrimas bautizamos los encuentros.
Fría, espiral, nube de tormentos.
Eterna en cada mirada
y en cada espejo enfermo.
Lagunas de cenizas
llaman al vaivén de las olas
De aquellas que emergen,
de las que cuentan las horas,
Eterna porque nadas sin destino, y porque, sin embargo,
Nada retiene tus delirios.
Mojas de viveza tus ojos y regresas eterna,
Como el cielo y el viento, y las nubes, y remolinos definiendo lamentos.
Infinita, perdurable, enmascarada belleza que cuando calla otorga,
Y que si habla concede, porque no hay lucha sin voz,
ni concesiones sin argumentos.
Lente que aumenta y exhibe mis deseos,
eterna de nuevo porque caminas sin miedo.
Y sigues, rodeada de luz incandescente, y de miradas ávidas,
brillas porque nadie te entiende.
Caminas, vuelas, te deslizas, me abrazas y somos uno, y calidez de nuevo,
truenos que abren el cielo y que me mandan a dormir,
y soñar y volver a vivir, porque eterna es la noche,
Eterna es, bailas, te desfiguras al pasar de los minutos,
y cuales maderos de cruz me sostienen,
Manecillas invariables de tiempo.
Tú te ríes envuelta de sábanas y ajena al tiempo
Duermo y no despierto, porque aunque eres infinita,
tu fiel compañero se asusta, mortal y ciego por tan cruel, efímero invento.
Eterna, al final de la noche porque me abrazas al divagar en las penas
y eres más, y más aún…
Al salir el sol, quisiera retenerte,
pero solo, en esta cama fría me resigno,
porque has salido a encantar al día,
pues eres mía y sigues siendo... Eterna.